lunes, 20 de abril de 2015

La palabra de Dios en Jesús (2)

·       Santo Tomás, hablando de los tiempos de Dios en cuanto a la revelación, afirmaba: “Así como el hombre, cuando quiere revelarse con palabra del corazón, reviste en cierto modo su palabra con letras o con la voz, así Dios, cuando quiere manifestarse a los hombres, reviste de carne en el tiempo a su Verbo concebido desde toda la eternidad”. Con Jesús, la palabra que solo se percibía a través del oído, ahora se ve porque esta palabra se hace carne y habita entre nosotros (Jn. 1:14). Convenía que el Dios que solo se manifestaba al hombre por medio de la palabra oída, se comunicara con el hombre en su nivel y que se dirigiese a él por los signos corporales. Es por esto que, en Jesús, Dios se hace presente de manera humana, manifestándose como Dios a través de sus acciones, sus gestos, su actitud, su comportamiento y también por sus palabras. Dios se nos manifiesta a través de la palabra encarnada. De ahí que las enseñanzas, ajenas al cristianismo, pusieran tanto énfasis en que Jesús fue un hombre normal pero poseído por Dios y que a la hora de su muerte Dios abandonara su cuerpo. Aceptar esto era relegar la palabra de Dios a la condición del terreno de la mística. De ahí que Juan hiciera tanto énfasis en la encarnación del Verbo (Jn. 1:14) y que éste ha venido mediante agua y sangre (1ª Jn. 5:6) y que todo aquel que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios (1ª Jn. 4:3).
·       Con la llegada de Jesús, asistimos a un nuevo tiempo donde la palabra de Dios se expresa de forma diferente con lo visto hasta ahora. Un nuevo tiempo donde el hombre es invitado a contemplar cómo la palabra da un giro totalmente nuevo en su manera de hacerse cercana a éste. Si bien en el A.T. la palabra es oída y aceptada, con Jesús, la palabra no solo es oída sino también vista. Y el hombre no solo es interpelado a aceptarla sino también a seguirla. Y este seguimiento es una de las causas que van a provocar que la palabra manifestada en carne a través de Jesús, originen la confrontación de Jesús con todos aquellos que escuchan y ven la palabra de Dios proclamada por Jesús.
A.T.------ con la palabra oída no existe referente
Jesús----- con la palabra que se oye y ve, Jesús se presenta como referente
¿Cuáles van a ser las causas que van a provocar un enfrentamiento de Jesús con los líderes religiosos y con la sociedad? Porque mesías habían salido algunos, pero con Jesús el enfrentamiento es algo especial. Es un enfrentamiento especial por el análisis que a continuación vamos a ver.
1.    La palabra queda focalizada en el cumplimiento individual de la ley                         
Absolutización de la ley
2.    La palabra queda expresada en la escritura
Manipulación y apropiación de la ley
3.    Jesús habla y actúa en nombre de Dios
Cómo vive e interpreta la ley, lo hace en nombre de Dios
 
1)    Con la llegada del exilio, se arranca de raíz todo lo genuinamente israelita, y este hecho provoca el final catastrófico del Estado. Tal desastre hizo que el individuo se emancipara de los antiguos lazos sagrados de la comunidad y fuera cayendo en las supersticiones y en los cultos naturalistas. Una vez que el exilio destrozó por completo los lazos del pueblo y del Estado, que hasta entonces había rodeado y protegido la vida del individuo, parecía que la pérdida del autocontrol ya no podía pararse.
·       Según los entendidos del tema, la continuidad o no de la fe israelita, dependía de que ésta fuera capaz de soportar la ausencia de apoyos que había tenido en la moralidad patriarcal, en la conciencia de estado, en la monarquía, en la vida cultual. O se creaba un nuevo tipo de relación entre comunidad e individuo. O el individuo se dejaba arrastrar  por el proceso de disolución. La respuesta a esta alternativa la dieron dos hombres que lograron configurar un tipo de individualidad que estaba llamado a constituir el núcleo indestructible de una nueva comunidad. Estos dos hombres fueron Jeremías y Ezequiel.
·       El peso del mensaje no recae sobre el pueblo sino sobre el individuo, que llamado por la palabra de Dios, se le señala el camino hacia una nueva casa de Israel, una casa que teniendo la forma de la antigua comunidad de alianza, se pueda levantar desde la renovación. Dios quiere dar ocasión a cada miembro para que, libre de las cadenas de una culpa heredada, pueda entrar en una relación personal de servicio y fidelidad con el Dios de los padres.
·       Con la entrada en escena de dos de los hombres más importantes de la época posexílica: Esdras y Nehemías, el concepto de individualidad se vio reforzado porque se acató como tarea impuesta por Dios la de modelar la vida de acuerdo con la norma de la ley, haciendo de la comunidad un bastión inexpugnable frente al paganismo que acosaba al pueblo por todas partes. Se crea así una nueva forma de comunidad que, si bien siente la llamada de Dios a su pueblo, se basaba fundamentalmente en la independencia y responsabilidad de sus miembros, porque entiende que la llamada iba dirigida también al individuo.
·       Los hombres aprenden a ver la ley con nuevos ojos, como el medio de protegerse del contagio del ambiente pagano que tiene que sufrir y así poder llevar un sistema de vida propio. Cobran especial relevancia el sábado, la circuncisión y las leyes de pureza. Todo aquello que permite mantener una pureza frente al exterior. Asimismo, esta obediencia férrea a la ley contribuye a que el individuo se sienta miembro de una comunidad de la cual forma parte no por la costumbre o la tradición, sino por decisión personal. Ahora, el orden se invierte. Mientras que la ley era expresión de la alianza, ahora llega a ser la condición de su restauración. La ley ya no es dada porque se pertenece al pueblo elegido, sino que se pertenece al pueblo porque se acepta la ley, Quien acepta la ley, forma parte de la comunidad.
·       Esta obediencia a la ley constituyó el eje central de la existencia de la comunidad que nace en el exilio para no verse absorbida por el paganismo, y de esta manera marcar hondamente la piedad del judaísmo. Los efectos de esta actitud se tradujeron en una marcada separación entre piadosos e impíos. Para no mancharse con el impío, se vio la necesidad de una cada vez más estricta separación conformada en raseros totalmente externos, facilitando la aparición de otras formas de posturas piadosas. Para asegurar esta piedad tan angustiosa que imponía tantas cargas sobre el individuo, se echa mano de tres conceptos que se aplican sobre todos aquellos que quieren vivir esta vida: se defiende el derecho a la retribución por la obediencia; se reprimen las afirmaciones sobre el amor de Dios, trasladando el objeto del amor al nombre, a la salvación, o en la ley y sus mandamientos y testimonios; y, por último, se constituye el miedo como base de la relación personal con Dios.
Como fruto de todo esto, el piadoso se constituye así como el puente entre Dios y el pueblo, como la causa principal de la bendición de Dios sobre su pueblo.
2)    Según los entendidos, en la época del exilio, y sobre todo a partir de los tiempos de Josías, se puede datar el comienzo de la fijación de la palabra en la escritura. Este proceso de fijación de la palabra ha sido un proceso muy lento. Hasta fines del período real, la escritura de las tradiciones antiguas y de los oráculos proféticos fue sobre todo ocasional. Solamente después del destierro es donde comienza la recogida meticulosa y la revisión de la herencia espiritual de Israel (documentos legales, oráculos proféticos, obras históricas, libros de poesías) y se completan las grandes recopilaciones que se han dado en llamar código deuteronómico y sacerdotal.
Con la aparición de este fenómeno hay que resaltar dos cuestiones importantes: manipulación y apropiación de la ley.
a)     En el momento en que esta palabra comienza a ponerse por escrito, aparecen las distorsiones por las distintas interpretaciones que se hace de ella. Y todo esto entra dentro de la normalidad. Porque toda palabra que sale de la boca, exterioriza lo que hay en el corazón y el pensamiento. Y es este trasfondo, este sentido que se expresa a través de la palabra, lo que tenemos que analizar para conocer correctamente lo que se está diciendo. Pero esto es harto difícil, porque no solamente desconocemos el sentido exacto de la palabra, sino que además en el proceso de la fijación de la palabra en escritura, estamos poniendo nuestra impronta (de pensamiento, moralidad, espiritualidad, etc.).
·       Es por ello que en estas colecciones que aparecen, se puede advertir la influencia continua de ideas proféticas transmitidas de mil maneras en el código deuteronomista, a la vez que de una escuela sacerdotal tendente siempre a normalizar jurídicamente la vida de la comunidad. Estos movimientos que se prolongan hasta bien entrada la época posexílica, nos da una idea de la exégesis homilética que ya en el exilio se hacía de la palabra escrita en las asambleas de la comunidad.
·       Si  bien en siglos anteriores la tradición oral se basaba principalmente en la comunicación del encuentro de los patriarcas con la palabra desnuda de Dios, ahora esa palabra que ya ha pasado por el tamiz de los muchos recursos de la transmisión oral, se encuentra como palabra escrita susceptible todavía más de interpretaciones personales que tratan de analizar el trasfondo y sentido de esa palabra. Esto tiene como resultado una clara manipulación de la palabra en favor de esquemas y tradiciones concebidas por los hombres. La palabra deja de ser viva y eficaz para convertirse en palabra muerta que solo sirve como canal de justificación para los ideales del hombre.
b)    Pero no se trata solo de manipulación, sino que además, con la palabra escrita, se da el fenómeno de una apropiación indebida por parte de aquellos que se dedican al estudio y proclamación de esa palabra. Llegados a este punto, la palabra deja de ser patrimonio del pueblo para convertirse en propiedad privada de aquellos que se presentan delante del pueblo como los conocedores de la verdad y administradores de la misma. Ellos se convierten en gestores de la palabra. Vendría a ser lo que podríamos llamar un “absolutismo ilustrado”.
3)    Con este panorama se presenta Jesús delante del pueblo como palabra encarnada de Dios. Una palabra encarnada que va a ser piedra de tropiezo de aquellos que la escuchan y ven porque esa palabra va a apelar a la conciencia del hombre. Va a apelar a la interioridad y no al exterior.
¿Cuáles van a ser las causas de esta confrontación?
a)    Jesús presenta su propia interpretación de la ley
b)   Jesús convida al individuo a seguirle
c)    Jesús dice y hace en nombre de Dios
 a)     Si bien Jesús no se presenta como un maestro que pretende crear una escuela de pensamiento más, es bien cierto que Jesús, como hombre instruido en la ley y los profetas, tuvo que tener su reflexión personal, su propia interpretación de la ley y lo que debía representar para el individuo.
Frente al concepto de la ley como valor absoluto para el hombre, Jesús presenta al hombre como único valor absoluto hacia el cual tiene que ir dirigido el verdadero cumplimiento de la ley, porque la ley lo que busca es el bien del otro. Porque la ley no se entiende fuera del marco establecido entre un yo que encuentra su plena realización en el tú. Por eso el gesto del maestro, que es manso y humilde de corazón, que lava los pies de los discípulos, que es paciente y amable ante los insultos y ultrajes, que acoge a los pobres y a los pecadores, y sobre todo su pasión y muerte, iluminan los principios de su nueva moral que contrasta con la de los religiosos de su tiempo. Para Jesús el verdadero cumplimiento de la ley, es aquel que conduce al individuo hacia una búsqueda constante de la felicidad del otro.
b)   La segunda causa de confrontación de Jesús con los líderes religiosos, tiene que ver con el seguimiento. Frente a la invitación que recibe el individuo en cuanto a cargar con todo el peso de la ley para llevar una vida piadosa libre de contaminación, Jesús tiende la mano para ofrecer la posibilidad de vivir en libertad: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Jesús despoja a la ley de su centralidad en la vida del individuo y centra toda su actuación en el hombre y los invita a seguirle para ofrecerles la oportunidad de cumplir con la voluntad del Padre que no es otra que amar al prójimo.
c)    La tercera causa de confrontación es vital para procesar a Jesús y llevarle a la cruz. La declaración de Jesús cuando lo llevan delante del sumo sacerdote Caifás en cuanto a que él es el Cristo, es escandalosa para todos los presentes. No solo por la declaración en sí misma, sino porque con esta declaración, todo lo que él ha hecho y dicho lo está relacionando con el propio Dios. Esto es lo que realmente clama al cielo y saca de sus casillas a los líderes religiosos, el ofrecimiento que Jesús hace de un Dios que está ligado con los proscritos, con los pecadores, con los sin nombre, con los desprotegidos, con los pobres de la tierra. Este pensamiento es básico para entender toda la trayectoria de Jesús, desde su inicio hasta su muerte, porque Jesús va a cambiar completamente el contenido del seguimiento. Para el judaísmo, el seguimiento está basado en una integración de la norma, de los esquemas, del mandamiento, de la imposición. Este es el referente del seguimiento para el judaísmo. Para Jesús el seguimiento no está basado en una actuación, sino en una integración de su Padre en su vida. Esa integración plena lleva a implicar a Dios en toda su actuación y en su mensaje. Implica a Dios en todo lo que hace y dice, sin tener miedo alguno a las consecuencias. Con la muerte de Jesús se hace justicia y se limpia el buen y santo nombre de Jehová.
En nombre de Dios, se mata la palabra de Dios.

La palabra de Dios en el A. T. (1)


  • Karl Bühler, psicólogo, pedagogo, lingüista y filósofo alemán nacido en el s. IXX, distinguía en la palabra tres aspectos importantes: 1) La palabra tiene un contenido. Significa o representa algo: nombra un objeto, formula un pensamiento, un juicio, cuenta un hecho. En este sentido la palabra es expresión. 2) La palabra es una interpelación. Se dirige a alguien porque la palabra tiene lugar entre un yo y un tú. Toda palabra se dirige a otro. En este sentido la palabra quiere provocar en el tú una respuesta, una reacción. 3) La palabra es descubrimiento de la persona, manifestación de su actitud interior, revelación de la persona, testimonio de sí misma. En este sentido la palabra es encuentro con el otro, donde las dos interioridades se manifiestan una a la otra para vivir en reciprocidad.
  • Muy brevemente define la palabra como la acción por la que la persona se dirige y se expresa a otra para una comunicación. El hombre, para expresarse, dispone de muchos medios: mímica, gestos, miradas. Pero la palabra es la expresión más perfecta de la persona.
  • Cuando hablamos de que Dios se ha revelado al hombre, en base al testimonio escrito que encontramos en lo que se ha llegado a llamar Santa Biblia, hablamos de que Dios ha querido ser para el hombre un yo que se dirige a un tú en una relación interpersonal y vital. Es muy importante tener esta idea bien presente en nuestro pensamiento y reflexión acerca de Dios. Porque no es el hombre quien se diviniza para comunicarse con Dios, sino que es Dios quien se humaniza para entrar en diálogo con el hombre. Es Dios quien franquea la distancia que lo separa del hombre para salir a su encuentro. El trascendente se hace el Dios cercano. Dios sale de su misterio y se hace presente al hombre.
  • Así pues, cuando Dios entra en comunión interpersonal con el hombre, a través de su palabra, no lo hace con intención puramente utilitaria, sino para establecer lazos de amor y de amistad. Y para aprender de ese amor, tenemos que ponernos a la escucha de su revelación, porque solo a partir del acontecimiento de la revelación podemos comprender el significado del amor. Y al hacerlo, Dios  tiene en cuenta tres cuestiones importantes que afectan al contenido, la interpelación y el encuentro con el otro:
1.    El contenido se explica con palabras humanas que el hombre puede oír y asimilar en su inteligencia (las palabras y su significado cambian).
2.    El encuentro con el otro se da desde la realidad vital del que recibe la palabra (la realidad es cambiante).
3.    La reacción del que recibe la interpelación se entiende desde el mundo donde vive. La palabra irrumpe en la realidad del hombre y éste responde desde su propia realidad (las respuestas cambian).


Todo esto nos lleva a un tema que es del que quisiera reflexionar


LA PALABRA DE DIOS TIENES SUS TIEMPOS Y RESPUESTAS


Entendiendo la palabra de Dios como lo que es y no encerrándola en un libro como el que tenemos y al que sacralizamos como la palabra de Dios. Porque la palabra de Dios, como nos dice Hebreos 4:12-13, es viva como Dios mismo, es activa, tajante como espada de dos filos, es sutil y penetra hasta lo más profundo del ser humano, discierne y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. Es a esto a lo que nos referimos cuando hablamos de la palabra de Dios. Y porque la palabra de Dios es viva y activa; y porque se dirige al ser humano para expresar su designio salvífico y establecer lazos de amor y amistad, Dios utiliza todos los recursos dentro del espacio y el tiempo que le ha tocado vivir al receptor de su palabra para que éste pueda oír y su inteligencia asimilar.
·       Hay un pasaje en la carta a los Hebreos 1:1-2 que refleja bien este pensamiento y que vamos a utilizar como punto de partida en la reflexión de estos días. La persona que escribe la epístola inicia su reflexión presentándonos a un Dios que, desde el inicio, ha abierto vías de diálogo con el ser humano. Y hasta donde él ha podido llegar con su reflexión, nos presenta dos economías o estadios de tiempo: el pasado y el presente. Y entre estas dos economías existen dos elementos: uno de igualdad y otro de diferencia. Por un lado Dios “ha hablado”. Es decir que, tanto en una economía como en otra, tanto en el pasado como en el ahora, la palabra de Dios ha permanecido en nuestra historia. Pero por otro lado, se establece un elemento diferenciador en los tiempos, las maneras, los mediadores y destinatarios de su palabra.
·       Esto nos lleva a pensar que la palabra de Dios tiene sus tiempos, y desde mi punto de vista, estos tiempos tienen que ver con tres estadios o períodos de tiempo:
1.    A.T. donde vemos que la palabra de Dios irrumpe en el espacio del hombre, se hace presente y el hombre oye la palabra. Este oír provoca en el hombre una respuesta: acepta o rechaza la palabra.
2.    Si bien en el A.T. la palabra se oye, con Jesús la palabra se ve porque esta palabra se hace carne. Y si en el A.T. provoca una aceptación, con Jesús provoca una confrontación porque la visualización apela a la conciencia del que escucha y ve.
3.    Pero con la venida del Espíritu Santo, la palabra sale de nuestro entorno físico para convertirse en inspiración. Por lo tanto, esta palabra que ahora no se oye ni se ve, se interioriza. Y esta interiorización provoca en el hombre una reflexión.


La palabra de Dios en el A.T.

Con respecto al tiempo de la palabra de Dios en el A.T. habría muchísimo que decir, pero ni yo estoy preparado para hacerlo ni el momento lo requiere. Tan solo quería exponer una breve reflexión acerca del tema, y no solo de éste, sino también de los demás que expondré más adelante.
a)    Desde los inicios de nuestra historia, el hombre siempre ha mantenido una curiosidad especial para saber cómo poder conectarse con la divinidad. Siempre ha sido constante su deseo de querer saber quién está más allá de nuestro espacio y tiempo (y lo sigue siendo aún hoy día. Lo que ocurre es que en vez de llamarlo divinidad, lo llama otros mundos). Es por eso que siempre ha tratado de ponerse en contacto con sus propias divinidades utilizando cualquier medio producto de su imaginación.
En el caso de Dios, a diferencia de otros dioses, es que Él es quien sale al encuentro del hombre y utilizando un lenguaje humano, se comunica con él. En el A.T. Dios elige a personas privilegiadas que no son la verdad ni la luz, pero que tendrán que dar testimonio de la verdad que les ha sido comunicada por aquel que ha irrumpido en sus vidas y desde el momento en que esa palabra se hace presente en ellos, tendrán que aprender a vivir con esa experiencia vital, porque aunque Dios escapa a su visión, se comunica con el hombre a través de la palabra, y si Dios habla, el hombre debe escuchar (1ª Sam. 3:10). Y cuando el hombre escucha, es interpelado por la palabra para que sea aceptada por él. Por esto, en los inicios del A.T. la revelación consiste en palabra específica que invita al hombre a una reacción específica: la fe o aceptación de esa palabra oída. Todo el que ha oído la palabra de Jehová, ha de aceptarla y vivir según las exigencias de esa palabra. Por ello la fe consiste en el A.T. en obediencia y confianza. Este es el conflicto con el que se verá confrontado todo aquel que, a través de los tiempos, escucha la palabra de Dios. Una palabra que cuando sale al encuentro del hombre tiene que darse un proceso de aceptación y convivencia y un proceso de obediencia. Un proceso que va a llevar al hombre a un lento aprendizaje de que lo fundamental de esa revelación es el amor de Dios. Un amor que se va a mostrar en líneas generales con la libertad colectiva de la esclavitud, hasta mostrarse como preocupación individual y entrañable por el pobre, el huérfano, el esclavo, el extranjero y la viuda. Y yo entiendo que esta experiencia no debió resultar nada fácil, porque era un enfrentamiento con la palabra desnuda (Abrahám).
b)   Esta palabra de Dios crece en cantidad y calidad a medida que los siglos van sucediéndose y que Dios interviene en la historia. Y si a través de estos siglos, la palabra ha representado la expresión más perfecta de la revelación de Dios con su creatura, la historia va a representar el marco donde esta palabra va a recibir el reconocimiento que se merece. Porque Israel no descubre a Dios mediante un proceso de reflexión acerca del universo, sino a través de sus intervenciones en la historia. El Dios de la historia le lleva al Dios de la creación. Israel, que reconoce a su Dios a través de la palabra, va a conocer a su Dios a través de sus intervenciones en la historia. La fe, que se expresa a través del testimonio, va a dar un giro importante. Porque ya no va a ser una palabra desnuda, sino que va a estar acompañada de actos que van a avalar esa palabra. El recipiente, que soporta el contenido de la palabra, comienza a tener autoridad en su testimonio porque la palabra se cumple. No vuelve a Dios vacía. Por eso es importante, en este tiempo de la palabra de Dios, el concepto PALABRA+EVENTO. El oír va a estar acompañado de actos prodigiosos que van a dar credibilidad a esa palabra, porque el Dios que interviene en la historia, explica el sentido de su intervención (Ex. 19:6 “me seréis un reino de sacerdotes….”). Pero cuando decimos que Dios interviene en la historia, no me refiero a que Dios controla la historia con sus intervenciones, sino que Dios interviene en los momentos concretos en el transcurso del tiempo, y al hacerlo, no lo hace de forma caprichosa sino que todos los actos forman parte de un todo, trazando una línea donde va apareciendo paulatinamente el plan divino de la salvación, Y si Dios decide intervenir en momentos determinados en el transcurso del tiempo, la palabra que acompaña estos eventos, va a ir calando en todos aquellos que son testigos de los acontecimientos que dieron lugar  al nacimiento de Israel como pueblo de Dios. Tales acontecimientos son el éxodo, la alianza y la entrada en la tierra prometida. Unos acontecimientos que van a permitir al pueblo conocer a Dios como ser `personal por la revelación de su nombre, y que como Dios personal puede invocarse y responder a las plegarias del hombre.
c)    Estos acontecimientos, que van a constituir el germen de la revelación en el A.T., son los que van a alimentar constantemente la reflexión religiosa de Israel. Una reflexión en la que el protagonismo de los profetas va a ser primordial porque ellos harán crecer y profundizar el conocimiento de Dios. Porque ellos se van a convertir en testigos e intérpretes cualificados de la historia, una historia que va a estar acompañada de acontecimientos iluminados por la palabra. Y lo que ellos van a captar no va a ser algo para ellos en exclusiva, sino que el mensaje que ellos recogen va a estar siempre destinado a la comunidad. Ellos se van a convertir en protagonistas en cuanto a interpretar y proclamar en nombre de Dios, lo que significan las intervenciones de Dios en la historia. Una historia por la que Dios se revela pero que es interpretada por los profetas. Por lo tanto, hay que saber distinguir entre el acontecimiento histórico y el acontecimiento de la palabra, es decir, dos hechos reales, objetivos que ocurren en el marco de la historia y la reflexión del profeta dirigida e iluminada por Dios, que le da al profeta la inteligencia del acontecimiento y su significación. Cuando estos relatos son analizados con detalle por los profetas, se trata de una actividad espiritual humana, unas veces como producto de una reflexión otras como producto de crisis. Y es en esta actividad donde el Espíritu hace sentir su presencia y da a entender su salvación.

lunes, 20 de enero de 2014

Dos enfoques de acercamiento al otro


Como en alguna ocasión ya he comentado, toda nuestra vida está conformada por las decisiones que vamos tomando a lo largo de nuestra existencia. Desde el mismo instante que comenzamos a tomar decisiones, nuestra vida comienza a desarrollarse hasta llegar a algo tan simple como estar aquí escribiendo. Desde que nos levantamos hasta que nos dormimos, estamos tomando decisiones. Y todas son importantes. No obstante, en aquellas cosas que afectan directamente a nuestro ser, a nuestra interioridad, a nuestro enriquecimiento personal como creyentes en Dios, parece ser que no es tan importante el hecho de tener que tomar decisiones. A veces ni nos lo planteamos. Tal vez sea debido al hecho de que nos gusta mucho hablar y pensar en la esencia y no tanto en la existencia. Hablamos y pensamos mucho del amor de Dios, de su justicia, de su misericordia, de su paciencia, etc., pero pocas veces hablamos y pensamos de cómo debemos proyectar en nuestra vida todo lo que Dios representa. Creer y vivir no son dos conceptos aislados, sino que forman una unidad que pocas veces tenemos en cuenta. A través de la lectura de los evangelios, encontramos que Jesús, durante su ministerio, apelaba continuamente, a través de sus enseñanzas, a una toma de decisión de aquellos que le seguían. El final de su discurso era siempre el mismo: tienes que decidir.
 Y entre las múltiples enseñanzas de Jesús, he escogido una que cada vez que la leo me impacta bastante. Una enseñanza que me hace reflexionar en cómo enfocamos nuestro acercamiento a Dios, y según como lo hagamos, así será el enfoque que le demos a nuestro acercamiento al otro. Esta enseñanza la encontramos en el evangelio de Lucas 18:9-14. A la luz de lo que podemos leer, mi toma de decisión tiene que ver con el doble enfoque que le puedo dar a mi acercamiento a Dios:

            - Puedo optar por un enfoque religioso

            - Puedo optar por un enfoque mundano

1. Respecto a la actitud del fariseo, que sería quien representa el enfoque religioso, hemos de decir que su acercamiento a Dios no es sorprendente. El separase de los pecadores era el supremos deber religioso para el judaísmo de aquella época. El fariseísmo representaba la pureza, y el ponerse en contacto con los pecadores era poner en peligro la pureza del justo, era manchar el ámbito de la santidad y lo divino. Por tanto, era normal que el fariseo pudiera dar gracias a Dios por poderse mantener en la santidad no siendo como los pecadores. El fariseo da gracias a Dios porque su decisión ha sido firme en cuanto a su no contaminación con los pecadores.
 Por esto, no nos puede sorprender la reacción de indignación por parte de los fariseos respecto a la proclamación de la buena nueva traída por Jesús. Porque este mensaje es totalmente contrario al pensamiento del judaísmo religioso. Es por esto, que los fariseos, representantes de las reglas de la piedad de aquella época, se indignan en gran manera con las palabras y comportamiento de Jesús en su novedosa demostración de la gracia y misericordia de Dios. Porque es cierto que ellos saben que Dios es misericordioso y que es capaz de perdonar. Pero esto sólo es para los justos. Los pecadores tenían que demostrar, por medio de la reparación y del cambio de conducta, que efectivamente se habían arrepentido. Y sólo entonces podían ser objeto del amor de Dios.

2. En este sentido, el publicano lo tiene muy mal para acercarse a Dios, porque la penitencia que tenía que ejercer era especialmente difícil, ya que el publicano tenía primero que resarcir a todos aquellos que había engañado, y como eran tantos, pues era imposible que pudiera demostrar su arrepentimiento.
 Frente a este problema, y a diferencia de las personas piadosas que se acercan a Dios con su teología y su piedad, el publicano se acerca a Dios a través de su mundanalidad. Mientras que el fariseo muestra su justicia, el publicano muestra su pecado. Y como persona que se reconoce pecadora delante de Dios, como persona indigna de estar delante de la presencia de Dios, como persona que reconoce que no tiene derecho absolutamente a nada, él se acerca a Dios desde lo único que él cree que puede hacer: apelar a la compasión de Dios. Porque la compasión es la única puerta de acceso a la gracia de Dios.

                 ¿Cuál de los dos enfoque es el correcto?

El fariseo: se acerca a Dios desde su religiosidad, desde su pureza
El publicano: se acerca a Dios desde su condición de ser humano, desde su indignidad.

Ahora, la toma de decisión es nuestra, y tenemos que decidir qué enfoque le damos a nuestro acercamiento a Dios, y tenemos que hacerlo con cuidado, porque según escojamos así será nuestro acercamiento al otro.

1. Si el enfoque que le damos a nuestro acercamiento a Dios es desde la religiosidad, lo único que estamos procurando es nuestra autosatisfacción, porque estamos alimentando nuestra justicia, nuestra diferencia con el otro, nuestro egoísmo. Lo que nos estará preocupando con este enfoque es nuestra apariencia, el mantenimiento de nuestro propio concepto de justicia, de la moralidad. Es un acercamiento que se produce desde el exterior. Por lo tanto de la misma manera que nos acercamos a Dios, nos acercamos al otro. Y lo único que puedes esperar de mi es un juicio de valor.
Este es un enfoque con el que tenemos que tener mucho cuidado, porque este enfoque convive con nosotros, forma parte de nuestra vocación. Nos encanta entronizar nuestra diferencia con el otro.

              - A nivel individual

              - A nivel institucional

2. En cambio si el enfoque que le damos a nuestro acercamiento a Dios es desde nuestra mundanalidad, lo único que estamos procurando es nuestra liberación, porque nos estamos abriendo a Dios para mostrarle nuestra miseria, nuestra carencia de justicia. En definitiva para mostrarle a Dios no lo que tenemos (porque no tenemos nada) sino lo que somos. Lo único que estamos procurando con este enfoque es que Dios se compadezca de nuestro pecado, de nuestra indignidad. Lo que me preocupa es que Dios se digne a tener compasión de mí y derrame su gracia sobre mí. Por eso, mi acercamiento a Dios debe producirse desde la interioridad, desde mis entrañas.
 Por lo tanto, de la misma manera que me acerco a Dios, me acercaré al otro. Y lo único que puedes esperar de mí es compasión. Porque entiendo que entre tú y yo no existen diferencias, porque tus miserias son mis miserias, tu pobreza es mi pobreza, porque los dos somos iguales ante Dios: personas que hemos sido perdonados por la gracia de Dios y de la misma manera que Él me ha aceptado como soy, yo te acepto a ti como eres. Mi acercamiento al otro desde la compasión no es para imponer criterios, esquemas, juicios de valor o formas de entender la vida cristiana, sino para aceptarte y amarte tal y como eres.

 Cuando Jesús termina su relato, no nos dice quién lo hizo bien y quién lo hizo mal. Simplemente nos habla de las consecuencias de los dos enfoques de acercamiento a Dios.
Ahora soy yo el que tiene que tomar la decisión sobre cuál prefiero que sea mi enfoque.



jueves, 31 de octubre de 2013

El silencio de Dios

Hace algunos años, cuando mi forma de entender la espiritualidad era diferente a como la percibo en los días en que vivo, mis mensajes eran muy distintos. El contenido de mis mensajes era totalmente superficial porque no reflejaban mi realidad. Me sustraía de mis problemas, de mis incertidumbres, de mi rabia con la vida, de mi fragilidad. Ahora es muy distinto. Mis reflexiones forman parte de mi vida, de mi existencia. Por eso, cuando me dicen de hablar me echo a temblar. Porque a través de la reflexión, se abren las ventanas de mi intimidad y me descubro ante vosotros poniendo al descubierto mis pensamientos más secretos. Y eso, como ser humano que soy, me da pánico. Y más cuando tengo que expresaros mis reflexiones acerca de algo tan delicado como el tema que contiene la segunda tentación (Mt. 4:5-7).

No sé si alguna vez os lo habéis planteado, pero decidme ¿quién creéis que podría ser el que principalmente promueve la idea de la inexistencia de Dios?. Si lo analizamos sin dejarnos llevar por el ardor cristiano evangélico ¿ no os parece que podría ser Dios mismo el que promueve esta idea?. Porque si Dios hablara de forma directa, si Dios en lugar de hablarnos a través de la creación nos hablara de forma directa y personal, su palabra no volvería a El vacía (como nos dice Isaías 55:11). Si Dios hablara y actuara como creemos que debería de hacerlo, la humanidad creería en El. ¡Cuántas injusticias se habrían evitado! ¡Cuántas guerras no habrían tenido lugar! ¡Cuántos niños estarían ahora viviendo!. Sin embargo, Dios guarda silencio. Un silencio abrumador, aterrador. Un silencio que nos aturde, que trastoca nuestros esquemas acerca de cómo hablamos del Dios que es amor. Un silencio que nos llena de perplejidad (es posible que ante este silencio hayamos cambiado a Dios por los super-héroes que sí actúan en beneficio de la humanidad. Éstos sí que ponen su poder al servicio de la justicia).

Si nos trasladamos mentalmente al Génesis, vemos que como consecuencia de la desobediencia del hombre y la mujer, éstos son expulsados del Edén para que formen parte integral del orden establecido en la creación natural. Y la existencia que el ser humano iba a desarrollar en el Edén, la tiene ahora que vivir en un entorno hostil donde la incertidumbre, la enfermedad, el miedo, e incluso la misma muerte, merodean noche y día alrededor de él. Y en este nuevo orden de cosas en las que el ser humano tiene que desarrollar su existencia, Dios guarda silencio, no porque no pueda hablar, sino porque El ha determinado no actuar y deja que el ser humano se enfrente a su propio destino.
No obstante, Dios en su gracia y misericordia, escoge a un pueblo para dar a conocer su nombre entre las naciones. Y esta relación que Dios mantiene con su pueblo se desarrolla bajo la consigna de bendición y maldición. Bendición si hay obediencia y maldición si hay desobediencia.


Con el paso del tiempo, esta consigna se fue extrapolando a todas las situaciones concretas de la existencia humana. Y de esta manera, Dios queda obligado a actuar, a no guardar silencio: si eres bueno, Dios te bendice; si eres malo, Dios te maldice. Así pues, es el hombre quién hace hablar a Dios.
Con este pensamiento, Jesús ha sido educado. Y es por esto que Satanás escoge bien su texto, ya que el salmo canta la especial providencia de Dios hacia aquellos que se confían a El. Y como Jesús pertenece a ese pequeño pueblo que confía en que Dios acudirá en medio de la aflicción, Satanás se enfrenta con Jesús en el terreno de la fe, que es el terreno donde realmente se libra la batalla de la tentación. ¿En verdad Dios dice que sostendrá a aquellos que confían en El? Pues échate abajo. Haz que Dios te demuestre su poder.
Con este pensamiento, yo he sido educado. Pero no desde que me convertí, sino que este pensamiento ya venía con la leche materna. Y con este pensamiento, que forma parte de mi ADN, es con el que tengo que enfrentarme cada día desde el terreno de mi fe. Si soy bondadoso, si practico la justicia, si vivo para los demás, si mi entrega es sincera, si… si…si… ¿Por qué Dios no me bendice? ¿Por qué Dios no hace nada para que mi situación cambie? ¿Por qué Dios no hace nada? ¿Por qué ante mi clamor Dios guarda silencio?. Yo me creo mis necesidades y espero que Dios las supla y si no lo hace, me quejo. Y yo me desespero, porque el sentimiento que tengo a veces es que Dios me está tomando el pelo. Me siento engañado como Jeremías. Me encuentro muy solo en las decisiones que tengo que tomar. En los caminos por los cuales tengo que andar. Y esto hace que tenga que soportar las tensiones de mi fe (entendéis ahora por qué no me gusta hablar de mis reflexiones? Al descubrir mis intimidades pensareis que mi fe está debilitada).

Frente a este desconcierto que provoca el silencio de Dios en mi vida, el redactor que escribió las tentaciones, me enseña dos cosas muy interesantes que yo tengo que aprender a valorar y a tener presentes en mi vida en medio de mis circunstancias.
        
1.-  Yo no puedo someter el poder de Dios a mi deseo de que El intervenga para dar solución a mis problemas por el hecho de que soy una persona justa y bondadosa (Quid pro quo).

2.-  Que ante el silencio de Dios debo aprender a sentir un profundo respeto ante ese silencio.


1.-  Me han educado con una idea tan equivocada acerca de cómo es Dios que tengo asumido en mi vida el derecho de que Dios actúe en favor de mí. A mí me cuesta creer en un Dios que no soluciona mis problemas cuándo y cómo quiero. Dios tiene la obligación de atender a mis necesidades porque sus promesas son fieles y verdaderas. Y para ello estructuro mi pensamiento de tal forma que el resultado de la ecuación siempre es el mismo: Dios me tiene que bendecir porque soy un hijo bueno. Si no lo hace es porque algo malo he debido hacer (“quién pecó, éste o sus padres” Juan 9:2). Y cuando miro mí alrededor y veo cómo a otros les va bien la “teología de la prosperidad”, se cierne sobre mí el complejo de “patito feo”. En esos momentos me cuestiono la fe. Pero la fe no tiene nada que ver con la respuesta que Dios me da, sino con la respuesta que yo le doy a Dios en medio de mis conflictos.

Y la respuesta que Jesús da al Padre no se encuentra condicionada al cuidado y sostén que El debía tener sobre su persona. En ningún momento él cuestiona su ministerio en función de si el Padre lo va a proclamar como Señor y Rey de Israel, de si el Padre lo iba a liberar de todo mal, sino que él hace lo que tiene que hacer y punto. La respuesta de Jesús no está fundamentada en que Dios lo va a liberar de todo mal, sino en que Dios si quiere, puede actuar con poder en favor de él. Jesús no actúa movido por la recompensa sino por la misericordia hacia el desvalido, el pobre, el necesitado. Y si el Padre no quiere librarlo de tener que beber esa copa, no por eso va a pensar que ha fracasado como hijo, sino que lleva a cabo su labor desde la angustia, desde el sufrimiento, desde el dolor, y sobre todo desde el respeto ante el silencio de su Padre en el desarrollo de su existencia vital.

2.-  Observando a Jesús desde un punto de vista de no creyente, diría de él que es un pobre visionario con pretensiones mesiánicas al que Dios le tomó el pelo permitiéndole que se estrellara contra el muro del fracaso. Pero el punto de vista del redactor de las tentaciones es muy diferente. La lectura que él hace de la vida de Jesús es la de un hombre que antes de iniciar su ministerio, tuvo que pasar por esta situación para hacer una declaración de intenciones. Y esta declaración lo va a acompañar durante su ministerio.
Si observamos bien el enfrentamiento que Jesús mantiene con Satanás, éste escoge un texto ideal para hacer reflexionar a Jesús de que el poder de Dios está a su servicio porque Dios está obligado en el sostenimiento y cuidado de sus justos. Haz lo que te digo y verás como Dios responde. Y esta actuación del poder de Dios te acompañará en el desarrollo de tu ministerio.
Pero frente al texto de Satanás, Jesús también escoge el texto ideal para responderle (Dt. 6:16) que a la vez nos remite a Ex. 17:1-7 donde se da la explicación de lo que Jesús quiere transmitir a Satanás.


         Dios había demostrado su poder: salida de Egipto; maná.
        
Tienen sed y no hay agua: exigen a Dios el agua.
        
La pregunta final es interesante: ¿está Jehová entre nosotros o no?
        
El pueblo debería haber mostrado respeto a Dios.

¿Acaso tenía Jesús que exigirle a Dios que mostrara su poder para sentir que Dios estaba con él? Jesús se conforma con el silencio de Dios en su devenir diario porque él siente un profundo respeto hacia su Padre. Pero mostrar respeto hacia ese silencio no implica tener que justificar a Dios pensando en cosas como que Dios tiene un propósito, Dios sabe todas las cosas, ya verás como Dios te mostrará su poder. Nos escandaliza tanto el silencio de Dios que no nos importa ir cambiando esa imagen por otra que nosotros nos fabricamos. En este sentido, Jesús irrumpe en las estructuras del pensamiento religioso para ir mostrando la verdadera imagen del Padre.
Y desde esa manera de entender al Padre, nos enseña que el respeto al silencio de Dios no se realiza desde la comprobación del poder de Dios sino desde la angustia, desde la incertidumbre, desde el sufrimiento, no esperando que Dios actúe y nos libere, sino simplemente confiando que Dios está presente en medio de nuestras miserias.
Unas miserias que tenemos que soportar porque hemos sido condenados a tener que vivir en esta jungla donde estamos expuestos a que nos ocurra todo tipo de vicisitudes por la misma acción de la vida, que no debemos confundir con la acción de Dios: todo lo que nos ocurre, sucede en y por el círculo de la vida. Ante esto yo suelo pensar que la vida reparte sus cartas y a unos les toca póker, a otros un trío, a otros una pareja, y a muchos, como a mí, no les toca nada. Pero lo importante no es lo que te toque, sino cuál es tu respuesta ante las cartas que te han tocado. Este es el inicio del camino hacia el respeto al silencio de Dios.


domingo, 19 de mayo de 2013

El reino de Dios en Pablo


El pueblo de Israel debe entender que toda su existencia se debe al hecho de que Jehová los ha elegido como pueblo en cumplimiento a la promesa dada a Abraham. Tienen que tener conciencia de ser pueblo elegido, y como tal, un pueblo santo porque pertenecen a Jehová (la santidad lleva implícito el sentimiento de pertenencia). Es por ello que Jehová puede presentarse delante de ellos como su Rey y ellos pueden definirse a sí mismo como reino de Jehová. Un reino que, si bien tiene límites fronterizos, esperan que se extienda a todas las naciones con la llegada del Mesías. Una espera que es alimentada por un clamor profético lleno de un mensaje mesiánico escatológico: “He aquí que viene tu salvador” les dice Isaías. Y con la presencia de ese Mesías en medio de ellos, el reino alcanzará su plenitud, donde las naciones y todos los reyes de la tierra verán su justicia y llamarán a Israel pueblo santo, redimido de Jehová. Pero el pueblo, guiado por la élite religiosa y éstos apoyados por la élite política, montan su propia concepción acerca de la ley, del Mesías y del reino.
Y con la presencia de Jesús en medio de ellos, parece ser que todo empieza a temblar. Porque toda la reglamentación que habían hecho para apoyar su concepción acerca del Mesías y de su obra, todo el sistema religioso que habían implantado a través de los cultos y ritos para fundamentar sus argumentaciones en nombre de Dios, todo empieza a temblar a raíz de que un hombre conocido como Jesús, el carpintero, comienza a presentarse delante del pueblo con una actuación y una manera de hablar que no se sujeta al dogma establecido. Y lo más crítico para ellos, es que toda su actuación pretende llevarla a cabo en nombre de Dios y teniendo como objeto el establecimiento de su reino.
Esta locura llega a su clímax cuando, después de conseguir que lo mataran, sus seguidores comienzan a interpretar su actuación como una actividad mesiánica proclamando que Jesús es el Mesías. Lógicamente hay que proceder a la aniquilación de todos los que dicen seguir a Jesús para acabar con él.
En este contexto, aparece Pablo. Un hombre al que se le otorga poder para llevar a cabo esta sagrada misión. La misión de entrar en guerra contra todos aquellos que no perciben el hecho religioso de la misma manera que ellos.
Es una lucha que se lleva a cabo desde dentro de la fe. Y como nos enseña la historia del cristianismo, esta es la peor persecución que tienen que soportar los súbditos del reino, porque los medios y resultados son crueles, devastadores. Y como tal debía enfocarla Pablo en su sed insaciable de meter en la cárcel o dar muerte a los discípulos del Señor. Y debía ser así porque lo que había en juego era ni más ni menos que toda la concepción del reino y la actuación del Mesías en el alcance de la plenitud de ese reino proclamado por los profetas.
Pero un acontecimiento trascendental tiene lugar en el camino de Pablo: el encuentro con el Resucitado. Aquel al que Pablo quiere exterminar porque seguía vivo en la memoria de sus discípulos, se le aparece como vivo de entre los muertos para trastocar todos los cimientos de su vida. En ese encuentro, Pablo entiende que su actuación le está llevando a “dar coces contra el aguijón” porque en nombre de Dios pretendía destruir al pueblo de Dios, entiende que por querer mantener vivo su concepto acerca del reino y del Mesías, atentaba en contra del verdadero reino de Dios y Mesías.
A partir del encuentro con el resucitado, todos los esquemas de Pablo se vienen abajo. Desde ese instante Pablo asume en su vida la vocación de proclamar el reino ante todos los pueblos. Y si la misión de Jesús nos va a hablar sobre la cercanía del reino, Pablo va a dedicar su vida a la confirmación y afirmación del reino que se ha acercado en la persona de Jesús. Este va a ser el resultado de la transformación que se operó en la vida de Pablo. Una transformación que si bien tuvo lugar por la revelación, hemos de entenderla en clave de reflexión. Está claro que a Pablo se le revelaron muchas cosas acerca del reino, pero lo que él enseñó a las comunidades de su tiempo, y nos enseña a nosotros veinte siglos después, no es la revelación literal que él recibió (Juan sí lo hace en el libro de Apocalipsis), sino que esa revelación la transmite a través del tamiz de la reflexión. Y de esa reflexión es de donde yo pretendo alimentar la mía para explicar algunos aspectos del pensamiento de Pablo acerca del reino de Dios.
En líneas generales, podemos decir que, si bien Israel vive del clamor profético referido a la venida del Mesías para instaurar un reinado con alcance terrenal y donde Israel será el centro de todas las naciones, en Pablo el mensaje adquiere un matiz totalmente distinto:
1.- El mensaje deja de ser mesiánico, tal y como lo entendía Israel, porque el Mesías ya ha venido en la persona de Jesús, al cual Dios ha declarado Señor y Cristo. Por lo tanto, el mensaje se convierte en un mensaje cristológico porque a Cristo le ha sido entregado todo poder y autoridad por Dios. A él se le ha dado un nombre que es sobre todo nombre para que toda rodilla se incline delante de él.
2.- Con el mensaje cristológico el reino deja de tener un alcance terrenal para tener un alcance cosmológico. “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16). Todo el cosmos queda afectado por la plenitud del reino. Somos súbditos de un reino que tiene un alcance cosmológico porque las fronteras terrenales y celestiales se han roto.
En la proclamación de este mensaje hay algunos aspectos novedosos e importantes en el pensamiento de Pablo con respecto al reino y que me gustaría poder destacar:
1.- El reino es una realidad presente que debe estar determinado por el futuro. Nuestro presente debe estar determinado por la certeza de un futuro que ha sido establecido por el poder de Dios y que nada ni nadie puede cambiar. Aquél que murió y resucitó será presentado ante las huestes celestiales como Señor y Cristo y cada uno de nosotros llenará un espacio en esa presentación. El futuro que Dios ha establecido por medio del Hijo para cada uno de nosotros, es una realidad que debe permanecer en nuestro presente, por eso debemos pedir “que el Dios de nuestro Señor Jesucristo…nos dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.. y alumbre los ojos de nuestro entendimiento.. para saber cuál es la esperanza y las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Ef. 1:17-23).
Cuando nuestra realidad queda afectada por esa futuridad, vamos a poder contribuir, no tanto a la venida del reino, sino a esforzarnos a tomar parte en él y “seamos tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecemos” (2ª Tes. 1:5).
Que el futuro establecido por Dios sea una realidad en la vida del creyente, ocupa un lugar importante en el mensaje que Pablo dirige a las comunidades, ya que muchos de los lectores de sus cartas no habían visto cara a cara a Jesús, y mucho menos habían tenido un encuentro con el resucitado. No resulta nada fácil mantener vivo en nuestra realidad un futuro que no vemos. Y mucho menos cuando elevamos nuestros ojos al cielo y lo único que vemos son las nubes. Pero la promesa es esta: “el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37). Por eso es importante para Pablo que nuestra cotidianeidad se alimente de ese futuro que se abre ante nosotros para que mantengamos vivo nuestro ánimo frente a las situaciones adversas que a veces tenemos que pasar. Un futuro donde el peso no recae tanto en los sucesos, que son importantes, sino en la presencia de nuestro Amado.
2.- Para Pablo, que había tenido un encuentro con el Resucitado; que había subido al tercer cielo y se le había mostrado cosas que ojo nunca vio y se le había comunicado cosas que oído nunca oyó, puede resultar muy fácil ver la vida desde esta perspectiva, pero para nosotros la visión puede cambiar algo.
Porque hace ya más de 20 siglos que Jesús dijo que volvería y no ha vuelto. Pero de hecho el retorno y la presencia de Jesús ya tuvo lugar de alguna manera con la venida del Espíritu Santo con el propósito de mantener a la comunidad en contacto con Cristo. Por eso es importante para Pablo que los súbditos del reino tomaran conciencia de que a través de la acción del Espíritu Santo la personalidad de Cristo se extiende en medio de la comunidad, haciéndose presente en su ausencia glorificada. Así pues, estando presente Cristo en su comunidad, por la acción del Espíritu, nuestra existencia comunitaria debe ser de continuidad. Una continuidad que nos lleve a una práctica comunitaria dentro de los esquemas cristológicos.
- Por un lado, desarrollar nuestra existencia comunitaria dentro de los valores y principios que impulsaron a Jesús a enfrentarse a los esquemas religiosos, políticos y sociales.
- Por otro lado, alimentar nuestra experiencia comunitaria con el sentimiento que produce la visión del Resucitado. No desde la cruz, porque la cruz nos invita a la contemplación, sino desde la resurrección que nos invita a la acción. Una comunidad que vive por y para el Resucitado por la acción del Espíritu.
Porque el reino sigue estando próximo y se da a conocer por las manifestaciones del Espíritu. Nos dice Pablo en Romanos 14:17 que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Y esto no son condiciones del reino futuro sino manifestaciones de los frutos espirituales que se dan dentro del marco de la comunidad.
3.- Pero Pablo no se fija en la vida comunitaria desde la dimensión mística, como si hubieran alcanzado ya la promesa de conreinar con Cristo. El Espíritu actúa en cada miembro para edificación de la comunidad y proyectar sobre el mundo su condición de súbditos del reino. Porque es desde la comunidad que el reino de Dios se hace visible. Porque la comunidad es el instrumento de Dios para dar a conocer el mensaje central del reino que no es otro que Cristo y su alcance cosmológico.
Una comunidad que, a diferencia de Israel, acoge con los brazos abiertos a todos aquellos que, por la fe en Jesús, entran a formar parte de ella: sean judíos o gentiles, pobres o ricos, hombres o mujeres. Una comunidad donde nos dice Pablo en Col. 3:11 “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”. Y desde esa condición de igualdad y fraternidad “vayamos creciendo y abundando en amor unos para con otros y para con todos” (1ª Tes. 3:12).
En el apóstol Pablo existen dos pasiones: Pasión por Jesús, por llegar a conocerle en toda su magnitud, por llegar a “conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col.2:2-3). Y pasión por proyectar ese conocimiento sobre todos aquellos que forman parte de la comunidad de Jesús, expresión viva del reino de Dios en acción. Y por esta nueva comunidad que se forma en torno a Jesús y a través de la cual el reinado de Dios se hace visible, es por la cual Pablo entrega toda su existencia.
Como comunidad, formamos parte del reino de Dios y tenemos la responsabilidad de tomar parte activa en la implantación de ese reino.
Un reino que en un futuro cercano se hará realidad porque así está establecido por Dios. Y esa visión de futuro debe determinar nuestro presente.
Un presente que si bien se encuentra lleno de dificultades y sufrimiento, nos acompaña el sello del Espíritu Santo “que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:14).





Reino de Dios y Antiguo Testamento


El reino de Dios hay que contemplarlo como un todo, como una unidad que va desde el principio hasta alcanzar su fin. Cuando pensamos o reflexionamos en el reino de Dios no podemos verlo como algo que nos viene dado por sectores o apartados, sino que tenemos que verlo en su totalidad, y todo acontecimiento que tiene lugar dentro de él, no podemos interpretarlo como un acto aislado sin tener en cuenta el todo. Y cuando contemplamos el reino de Dios como un acontecimiento único en la historia del hombre, llegamos al convencimiento de que el reino de Dios es la mayor expresión de amor por parte de Dios hacia su creatura. Porque el inicio, desarrollo y consumación del reino de Dios depende única y exclusivamente de Dios. Si bien el hombre es el objeto del reino, no es éste el encargado de hacer llegar el reino y mucho menos posibilitar su consumación en el futuro, porque el establecimiento del reino no vendrá como un acontecimiento ético sino que Dios hará llegar su reino sin la colaboración del hombre. Porque el reino es de Dios, pertenece a Dios, es el ser de Dios.
Y porque el reino es de Dios, el futuro, presente y pasado forman una unidad en la implantación del reino, convirtiéndose así en el instrumento que hace posible que todos los sucesos contingentes confluyan para que el reino de Dios se haga una realidad en la historia del ser humano. Una historia donde el futuro atrae para sí toda la atención porque al venir marcado por Dios, va a determinar nuestro presente. Por eso nuestro presente debe estar embriagado de la idea escatológica del reino de Dios para que podamos ocuparnos del prójimo a la luz del reino de Dios que viene. Por esto el mensaje de Jesús parte de la declaración “el reino de los cielos se ha acercado”, porque el presente de Jesús está determinado por su convencimiento del futuro cercano del reino de Dios. Y si el reino de Dios y ser de Dios son inseparables, Dios se nos ha hecho cercano en la persona del Hijo para mostrarnos la verdadera naturaleza de su reino, que no es otra que ofrecer la gracia a los que habiendo sido excluidos de la comunidad con Dios por la élite religiosa y política, no podían jamás esperar poder participar de la cercanía de Dios expresada en el banquete final del reino: los pobres, los enfermos, los publicanos, los pecadores, las prostitutas, los leprosos, los impuros. Jesús mismo se hizo impuro al comer y compartir sus alimentos con la gente impura.
Según pienso, esta declaración inicial del mensaje de Jesús: “el reino de los cielos se ha acercado”, hemos de entenderla a la luz de cómo Israel entiende y vive el concepto de reino de Dios en el Antiguo Testamento.
Según leemos en los escritos del A.T., el concepto “reino de Dios” tenemos que ubicarlo dentro de la declaración: “Jehová es rey”. Una declaración que Israel comienza a experimentar a partir del Éxodo ( Ex. 15:11-13, 18) y que se va a mantener durante toda la historia del pueblo. Hasta llegar a esta declaración, el poder de Dios se ha presentado como un poder quieto, como un título. Pero es a raíz de la salida de Egipto que Jehová comienza a mostrar su poder desde la acción. Y a partir de ahí, Israel se muestra ante las naciones como el pueblo que pertenece a Jehová, no porque ellos lo hubieran elegido, sino porque Jehová los ha escogido a ellos y por eso se puede presentar como el rey de Israel (Dt. 7:6) “Jehová te ha escogido para que seas un pueblo muy especial entre las naciones”.
Si Israel se entiende a sí mismo como un pueblo que pertenece a Jehová, debe de asumir que su poder y todo lo que son tiene su origen en el poder absoluto de Jehová que se refleja en la dirección de Israel. Jehová se presenta como el caudillo y el poseedor del mando regio (incluso en los tiempos de los jueces y de los reyes). Por lo tanto, si Jehová es el rey, el pueblo debía de asumir su condición de súbdito del rey a través de la obediencia y sumisión a su palabra. Y como súbditos, lo único que tenían que hacer era confirmar delante de las naciones que Jehová es rey. Tenían que corroborar esta gran verdad delante de las naciones: Que el Dios de Israel era el creador de los cielos y de la tierra y por esto era sobrenatural, porque no dependía de la naturaleza ni tenía nada que ver con los astros. Él era el Señor de todo porque lo había creado. Y ese gran Dios se había convertido en el rey de Israel, y cualquiera que se atreviera con ellos se las había de ver con El.
Pero Israel no va a representar para Dios un instrumento político de dominio sobre todas las naciones. Su misión no va a consistir en someter a todas las naciones para que sean esclavos de Israel, sino que su misión va a consistir en confirmar delante de las naciones que Jehová es rey no solo de Israel sino de todas las naciones y sobre todo lo creado. Por esto Israel, como súbdito del Rey, debe ser un pueblo que vive de la contemplación y práctica de la voluntad de Jehová en medio de todos los pueblos y que mantiene su vocación sacerdotal para el mundo (Ex. 19:6). Porque la implantación del reino de Jehová no consiste en conseguir que todos se hagan israelitas; ni para nosotros consiste en la cristianización de todas las naciones (como se hizo en las cruzadas).
Para llevar a cabo esta confirmación delante de las naciones de que Jehová es rey, Jehová entrega a Israel su Constitución, la norma a través de la cual debían de regirse como reino de Dios: la ley como expresión más cercana de la voluntad de Jehová. Porque el propósito de Jehová es que el pueblo entienda que Él no es aquel Dios que se desentiende de su pueblo, sino que además de actuar con poder a favor suyo, Jehová es un Dios cercano que se abre al ser humano. En esto va a consistir la gran confirmación de Israel frente a las naciones.
Con la entrega de la ley, Jehová espera que Israel entienda que el verdadero sentido de la vida se encuentra estrechamente ligado a quienes surgen en el escrito de la ley: Jehová y el prójimo. Por esto la ley va a estar dividida en dos temas fundamentales: Respeto hacia la dignidad divina porque a Jehová deben su existencia y todo lo que son como reino suyo; respeto hacia la dignidad del otro porque todos son iguales delante de Jehová y nadie tiene derecho de poseer al otro y todo cuanto tiene ( 1ª Crónicas 29: 9-20).
El cumplimiento del espíritu de esta ley dada por Jehová al pueblo, habría supuesto para Israel el vivir una realidad determinada por el futuro, porque hubiera puesto de manifiesto la visión escatológica del reinado de Dios sobre la historia. Habría sido un anticipo continuo del banquete celestial donde se da cabida a todas las naciones que vienen a adorar a Jehová.
Sin embargo, Israel pierde de vista la visión de la cercanía del reino porque Israel se ha olvidado del respeto que le debe a Jehová expresado en la cercanía del otro. La ruptura con Jehová no se produce por una actuación impura, por una falta de ética, sino que se produce por una falta de respeto hacia Jehová expresada en un desprecio hacia el débil, el pobre, la viuda, el huérfano, hacia el que no tiene nada ni a nadie. Esta va a ser la gran tragedia del pueblo, porque rechazando la cercanía del otro, rechaza la cercanía de Jehová.
La ruptura de los súbditos con el rey, supone la mayor tragedia del reino, porque sin súbditos no hay expresión del amor de Dios. Por eso decíamos al principio que el reino de Dios en la historia del hombre es la manifestación de lo que es capaz de hacer el rey por sus súbditos. Así pues, la historia de la salvación se convierte así en paradigma de la voluntad del rey en implantar su reinado.
Con la llegada de Jesús se recupera el sentido y sentimiento del reino de Dios y de formar parte de su reinado, porque Jesús cumple con el espíritu de la ley respetando la dignidad de su Padre, expresada en el respeto a la dignidad del otro. Y al cumplir con la ley, Jesús se convierte en mi referente con su ejemplo.
Por eso Jesús puede iniciar su mensaje con la declaración de que “el reino de los cielos se ha acercado” porque Jehová el Rey se nos ha acercado en el Hijo, y de nuevo la confirmación vuelve a ser el centro de la misión de aquellos que se sienten súbditos del reino.



jueves, 28 de marzo de 2013

Cómo interpretar el dogma a la luz de la historia del samaritano

El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla; pero el que conociéndola no es capaz de saber interpretarla, lamentablemente está abocado a caer en manos del despotismo. Muchos son los que, aprovechándose de la falta de interpretación sobre aquellas cosas que leemos, conocemos o practicamos, se presentan como intérpretes de la historia y se convierten así en los referentes de nuestra visión de la vida. De este modo cautivan nuestras mentes y nos tiranizan haciéndonos vivir en la creencia de mentiras que surgen de verdades interpretadas por ellos.
Ante estas palabras, tú puedes pensar que esto lo puede decir una persona que ha estudiado y está preparado para saber interpretar lo que lee, pero yo ¿qué puedo hacer si apenas sé leer?. Cuando Jesús dice “el reino de los cielos se ha acercado”, no se lo dice a los intelectuales, a los pensadores, sino que el mensaje es para todos aquellos que quieren dejarse cautivar por su acercamiento en la persona de Jesús. Para todos aquellos que entiendan que este acercamiento del reino tiene que desembocar inevitablemente en una reinterpretación de la teología, de la doctrina. Para todos aquellos que aceptan que este acercamiento del reino provocará en su vida conflictos entre el corazón y las normas establecidas. Por eso el reino de los cielos es para aquellos que son capaces de cambiar todo lo que son, lo que han aprendido, lo que conforma toda su existencia, por la perla que han encontrado. Son capaces de vaciarse así mismo para dejarse llenar por el vino nuevo.
A través de nuestra vida, siempre hay intérpretes de la historia de la salvación, que tratan de hacernos ver la dificultad que conlleva hablar acerca del reino de Dios, metiéndonos en conflictos teológicos tremendos: el reino, Israel, la Iglesia, el reino venidero, las bienaventuranzas, la comunidad de Jesús, etc. etc.
En los tiempos de Jesús encontramos a personas parecidas a éstas que se dedicaban a interpretar la ley para que el pueblo pudiera conocer lo que Dios demandaba de ellos. Y gracias a uno de estos intérpretes tenemos en el cap. 10:25-37 del evangelio de Lucas una de las parábolas más hermosas y conocida por todos: la parábola del samaritano. Una parábola que nos enseña que en el reino de Dios el dogma se ha de interpretar a la luz de la misericordia y la práctica de ésta hacia el otro debe estar por encima de nuestras barreras sociales, económicas, religiosas, por encima de nuestros dogmas, de nuestros principios y de nuestras creencias.
En el texto resaltan dos preguntas que son las que provocan el relato de la parábola:

- Una de ellas tiene que ver con el dogma, con lo que está escrito en la ley
- La otra tiene que ver con la praxis, con la parte práctica de la vida
       ¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? ¿Quién es mi prójimo?
Son dos preguntas que están relacionadas entre sí porque una lleva a la otra.

         V. 27 --- Amarás al Señor tu Dios…… y a tu prójimo como a ti mismo
Los dos requisitos están ligados entre sí porque a los dos se les exige la intervención de la interioridad. Queda afectada la interioridad. Son requisitos que surgen de las mismas entrañas.

- Una te lleva a la vinculación de Dios
- La otra te lleva a la vinculación con el otro

Frente a estas dos preguntas, Jesús contesta con otras dos preguntas:
A la primera pregunta, que tiene que ver con el dogma, Jesús le responde con otra pregunta que tiene que ver con lo mismo. ¿Qué está escrito en la ley?

v. 27----Bien has respondido. Haz esto y vivirás. Tú interpretas la vida a la luz del dogma y haces bien.

Con esta respuesta Jesús lleva al intérprete a realizar una lectura nueva del texto, a una interpretación más profunda del dogma, ya que en su análisis no pregunta cómo se lleva a cabo esto de amar a Dios, sino que pregunta ¿quién es mi prójimo? Porque en su análisis, el dogma está condicionado a la última parte: Amarás al prójimo como a ti mismo. Porque el amor a Dios está condicionado por el amor al prójimo.
Este análisis lleva al intérprete a una encrucijada, porque amar a Dios lo tiene claro, pero la confusión suya se encuentra en ¿quién es mi prójimo?
Para Jesús, su prójimo se encuentra entre los leprosos, ciegos, cojos, prostitutas, publicanos… Todos los que están marcados por el dogma porque son indignos
Para el dogma, frente a este prójimo, debe mantenerse puro frente a este tipo de personas
¿Cómo va a ser mi prójimo esta gente? En mi forma de interpretar la ley, el dogma está condicionado a otros dogmas.
Jesús le tiene que enseñar que el dogma nos acerca a Dios, pero en ocasiones, la interpretación del dogma construye muros entre el reino y la realidad de la vida.
Por eso Jesús, ante la pregunta de quién es mi prójimo, le relata la parábola del samaritano. Una parábola en la que la carga del relato no recae en la actitud del sacerdote ni en la del levita, sino en la acción que realiza el samaritano. Y esta acción nos enseña que:

- Debemos actuar sin esperar nada a cambio. Que no hay que esperar agradecimientos ni recompensas, sino que nuestra actuación debe estar siempre motivada por una sensibilidad frente a las necesidades del otro. Nuestro interior debe estar siempre abierto a este sentimiento.

- La dignidad de la persona debe prevalecer frente a nuestras interpretaciones del dogma. No podemos permitir nunca que un dogma nos prive de la posibilidad de ayudar al otro. Que nuestros sentimientos de ayuda se vean reprimidos por interpretaciones absurdas y vacías.

- Nuestra entrega al otro debe llevarse a cabo desde la igualdad. De tú a tú. Para que la práctica de nuestro servicio se haga siempre desde la solidaridad y no desde la beneficencia

Cuando Jesús finaliza su parábola, contesta a la pregunta de quién es mi prójimo con otra pregunta. Pero al hacerlo, reformula la pregunta inicial del intérprete, porque su pregunta es ¿quién de los tres es el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Esta es la pregunta a la que lleva una correcta interpretación del dogma: ¿De quién soy yo prójimo? ¿A quién debo servir? Porque yo no puedo elegir quién es mi prójimo, porque si lo elijo, elijo con quién puedo ejercer la misericordia. Yo no puedo establecer los límites con quién sí y con quién no. Porque la fascinación del amor de Dios debe ser tal que debe llevarme cautivo al servicio del otro sin importarme con quién me voy a encontrar.
El intérprete debió entender bien la enseñanza de la parábola, porque frente a la pregunta de Jesús, él contesta: “el que usó de misericordia”.
La enseñanza de Jesús parte de una pregunta: ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Al principio el intérprete contesta la pregunta usando la interpretación dogmática. Una vez que Jesús derrumba los muros que separa el dogma de la realidad de la vida, el intérprete contesta a la pregunta al final del relato.

¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?-------- Usando la misericordia. Sin importarme el dónde, cómo, cuándo, ni con quién.

El Hijo no dudó en dejar de lado el dogma de ser igual que Dios, cuando por necesidad de que el ser humano recuperara su dignidad, se hizo como uno de nosotros para acabar muriendo en la cruz.




viernes, 8 de marzo de 2013

PAN Y CIRCO

Erase una vez que se era, que en la antigüedad salió a la luz uno de los fenómenos mejor utilizados por el poder con el fín de mantener al pueblo en un estado de embriaguez mental y así anular su capacidad de crítica. A un iluminado se le ocurrió la genial idea de que al pueblo nunca le podía faltar pan y circo. Y con la práctica de esta genialidad, el estado podía vivir con la tranquilidad de que nadie se iba a preguntar por las cosas que verdaderamente afectaban a la ciudadanía. Y si alguien quería criticar, nadie le hacía caso porque todos vivían en un estado de bienestar y no querían que se les privase de tal felicidad. Con el paso del tiempo, se ha podido comprobar que la implantación de este fenómeno que generó el estado, ha sido una de las mejores ideas que se ha tenido, porque a través de los siglos, el estado siempre ha procurado, de una forma u otra, que sus ciudadanos disfruten de una placentera vida con su pan y con su circo. Y así les ha ido de bien.
Sin embargo, en los tiempos en que vivimos, una de las mayores equivocaciones que ha tenido el poder representado en el estado, ha sido el mantener un constante recorte en las provisiones de pan hacia sus ciudadanos. Vivíamos todos muy felices con nuestros trabajos, nuestras vacaciones, nuestros créditos, nuestras tarjetas. Con un placentero presente y un futuro tranquilizador, donde nos esperaba una jubilación más o menos generosa para disfrutarla con nuestros hijos y nietos. Qué bien vivíamos dentro de nuestra nube de ingenuidad, sin conocer nada de prima de riesgo, ni de desahucios, sin imaginarnos de hasta dónde podía llegar la cruel usura de la banca, permitiendo que los corruptos llenaran sus arcas con el dinero público y que los políticos se dedicaran a satisfacer su ego. Qué tiempos aquellos en que teníamos pan y circo. Pero empezaron a soplar vientos de sequía. Y donde había abundancia, ahora hay necesidad. Necesidad porque se nos ha arrebatado el pan. Y al faltarnos el pan, nos han arrastrado hacia la desolación, hacia el hambre. Nos han dejado solos frente a nuestras miserias. Por eso ahora, nuestra visión del circo ha cambiado, porque ya no lo vemos con nuestros vientres satisfechos. Y lo que vemos ya no nos gusta, porque las bestias nos asustan. Ahora vemos lo que antes suponíamos pero no queríamos ver, que en la arena del circo solo hay corruptos insaciables que no les apetece frenar nunca su afán de enriquecerse con dinero de los demás; banqueros hambrientos de enriquecimiento ilícito pero que se sienten seguros en las leyes que les amparan en todos sus saqueos; políticos que solo les preocupa, como niños en el patio del colegio, ganar el partido de fútbol.
Si algo hemos aprendido al arrebatarnos el pan, es que estamos asqueados del circo que tanto tiempo hemos contemplado impávidos. Que estamos hartos de tanto circo, que por no gustarnos, ya no nos gustan ni los payasos que han ido pasando por él.

miércoles, 30 de enero de 2013

Cómo gestionar la grandeza

Si tenemos que catalogar el concepto “reino de Dios”, lo catalogaríamos como una aporía, porque dentro del orden racional de cómo concebimos la vida, el reino de Dios es inviable.
Nacemos, nos desarrollamos y morimos en un mundo al que llamamos “reino terrenal” que es totalmente contrario al que llamamos “reino de Dios”. El hecho de que seamos creyentes nos lleva a tener que compartir nuestra existencia con dos reinos. Uno, el terrenal, que nos viene impuesto por nacimiento, y otro, el reino de Dios, al cual tenemos acceso por la fe en Jesús. Y los dos chocan entre sí. En la forma de concebir la vida, el presente, el futuro. Y sobre todo, en la forma de concebir y gestionar la grandeza. Mientras uno dice “negro”, el otro dice “blanco”. Cuando uno dice que la grandeza se gestiona desde el poder, el otro dice que se gestiona desde la bajeza. Y en medio de los dos reinos, nos encontramos nosotros, con un trastorno bipolar de mucho cuidado. Pasando continuamente de la alegría a la tristeza porque vivimos contrariedados por las exigencias del reino de Dios que chocan con las que forman parte de nuestra vida.
En el evangelio de Mateo 20:20-28 encontramos una escena en la que Jesús tiene que aclarar a sus discípulos cómo se debe gestionar la grandeza en el reino de Dios frente a lo establecido, a cómo se gestiona desde la normalidad de la existencia.
Frente a la petición que hacen Jacobo y Juan, el Maestro tiene que aclararles de cuál es la nueva realidad que se ha inaugurado con la cercanía del reino de Dios. La respuesta de Jesús no expresa indignación alguna, porque era tomado como algo natural el que un judío deseara estar asociado al Mesías y sobre todo en el sufrimiento. Sin embargo, en este nuevo orden, las cosas han cambiado. La grandeza ya no es fruto del esfuerzo, del sufrimiento, del cumplimiento con la pureza espiritual, sino que es algo que el Padre otorga a aquellos a quienes les está preparado. Este pensamiento de la comunidad judía deja de tener fuerza frente al nuevo orden impuesto por Jesús, porque él no congrega alrededor de sí a partidarios con garantía de que se les otorgará un buen puesto en el reino, sino a testigos que proclamen que el reino se ha acercado en la persona de Jesús.
Y la verdad es que poco ha debido de cambiar esta concepción judía de la grandeza, porque continuamos pensando que por el hecho de esforzarnos en la comunidad o de ostentar un alto cargo dentro de la misma, pensamos que Dios está obligado a ponernos en puestos de grandeza. En la brevedad de la vida, tratamos de abrirnos paso pegando codazos a los demás para que se nos vea y se nos aprecie la labor que realizamos con el fin de que al final recibamos la recompensa que se nos ha prometido.
Frente a esta actitud personal de los discípulos, Jesús les explica que en la nueva realidad que se ha inaugurado con la cercanía del reino de Dios, y en la que ellos se encuentran, la verdadera grandeza no se gestiona a través del poder sino del servicio. Y para que les quede bien clara la enseñanza, Jesús les habla de aquellos que ostentan la mayor concentración de poder: los gobernantes y los grandes. Y al hacerlo, no es que quisiera criticar a los poderosos de este mundo, ya que los dos verbos (enseñorear y ejercer el poder) que caracterizan sus funciones, no son despectivos. Pienso que Jesús les habla de ellos porque en ellos se expresa el poder que a todos nos gustaría tener. Nuestra fijación no es tanto el puesto que ocupan, sino el poder que poseen y la grandeza que conlleva la posesión de ese poder. Dominar, ser dueño y señor, controlar la vida de los otros, tener autoridad. Esa es nuestra vocación, y nos engañaríamos si pensáramos que no nos gustaría tener la grandeza que lleva implícito el ejercicio del poder.
Frente a este pensamiento, Jesús afirma que en la comunidad mesiánica, debe prevalecer otro tipo de comportamiento: el servicio. En el reino terrenal, la grandeza es una realidad que alcanza su plenitud a través del poder, mientras que en el reino de Dios la grandeza alcanza su plenitud a través del servicio. Y esto no es negociable.
Ahora decidme si el reino de Dios no es una aporía dentro de nuestro orden racional de concebir la vida.
Tenemos que convivir con el contínuo enfrentamiento de dos realidades, y en medio de ellas, nosotros, con nuestro trastorno bipolar. Porque las dos realidades que conviven con nosotros están pendientes de nuestra forma de concebir la vida: en el trabajo, en el colegio, la universidad, la familia, las amistades, la comunidad. Todas las áreas de nuestra existencia se ven afectadas por la presencia de estas dos realidades que chocan entre sí. Si optamos por gestionar la grandeza a través del poder, estamos en nuestro derecho, pero después vendrán los problemas del sentimiento de culpa por tener una visión contraria al del reino de Dios. Si optamos por gestionar la grandeza a través del servicio, estamos en nuestro derecho, pero después vendrán los problemas del sentido del ridículo, de la estupidez, de la imbecilidad, porque estamos actuando en contra del orden racional establecido. Esta es la decisión a la que continuamente somos enfrentados
Frente a esta tesitura, a esta actitud o disposición de ánimo a la que nos vemos continuamente enfrentados, la declaración de Jesús trae luz en cuanto a cuál debe ser nuestra actitud, porque él, que ha hecho posible que el reino se acerque, porque el rey nos ha visitado, sigue siendo el siervo. El rey ha venido para servir y espera que sus súbditos hagan lo mismo (él es nuestro referente). Jesús, el hombre que vive en y desde la libertad, optó por ser el que vive para los demás. Y para que nosotros podamos ser enfrentados con la misma opción, él vino “para dar su vida en rescate por muchos”. Y haríamos bien en poner nuestra atención en este concepto del “rescate”, porque esta palabra lleva implícito la idea de liberación para servir. Y solo el sentimiento de haber sido liberado puede satisfacer mi ansia de grandeza a través del servicio.