domingo, 8 de mayo de 2016

Quién es Dios (1)


“Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?. Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día:¿dónde está tu Dios? (Salmo 42:9-10).
¿Dónde está tu Dios? Esta sería la pregunta que constantemente estaría machacando las mentes de los israelitas durante el exilio. ¿Quién es vuestro Dios y qué es lo que hace?. Porque vosotros, que en otro tiempo habéis sentido orgullo de vuestro Dios porque os ha estado guardando del poder de las naciones, sin embargo, ahora estáis desahuciados, estáis huérfanos porque vuestro Dios os ha abandonado al capricho de la historia.

·       La verdad es que la situación del pueblo judío no debía ser muy agradable, porque con la llegada del exilio, se arranca de raíz todo lo genuinamente israelita, provocado por el final de los tres pilares sobre los que descansaba la identidad del pueblo de Yahvé. La tierra, el rey y el templo. Si esto había desaparecido para ellos, hacía difícil la continuidad de la fe israelita, porque para ellos significaba el hundimiento de todas las certezas teológicas del pueblo.
·       Con esta realidad, urgía que aparecieran alternativas para levantar la moral del pueblo y volviera a recuperar el sentimiento de ser pueblo de Dios para no dejarse arrastrar por el proceso de disolución. Y en este sentido, la crisis del exilio colocó a Israel frente a la opción de hallar maneras de definir su identidad. La respuesta a estas alternativas, si bien fueron importantes las aportaciones de los profetas Jeremías y Ezequiel, vinieron de la mano de aquellos que comenzaron a recoger y revisar de forma meticulosa la herencia espiritual de Israel (documentos legales, oráculos proféticos, obras históricas, libros de poesía) y se completaron las grandes recopilaciones que se han dado en llamar el Código Deuteronomista y el Código Sacerdotal, que se juntaron con otros dos ya existentes: el Código Yahvista y el Código Elohista (D,P,J,E). Donde cada código explica aspectos distintos de Dios en su relación con el pueblo.
·       Con estas recopilaciones y la formación de estos códigos lo que se pretende es revitalizar la historia de Yahvé con su pueblo, una historia que espera algo todavía no cumplido y quiere fortalecer la fe esperanzada en la promesa divina. Por este motivo, la exposición de la teología a través de los relatos presentados en los códigos, está basada en el hecho de que Israel tuvo conciencia en todas las épocas de constituir el pueblo de Yahvé y que ve en su Dios como el que no ha sido escogido por el pueblo, sino que Dios mismo se ha constituido en Dios de Israel y lo ha guiado a través de la historia. La enseñanza que se transmite es que el pueblo de Yahvé es siempre un pueblo que, además de esperar que Dios le guíe y lo libre de sus enemigos, aguarda en justicia, la cesación definitiva de la ira divina contra los pecados del pueblo y la consiguiente liberación. Israel debía ser consciente de que, incluso en su muerte, Israel se halla siempre ante Yahvé, el Dios vivo.
·       Por esto, la teología relatada a través de los distintos escritos debía centrar su enseñanza en la respuesta a una pregunta: ¿Quién es Dios? ¿Quién es Yahvé que ha salido al encuentro de Israel?. Y para contestar a esa pregunta, el pensamiento teológico se centra en dos eventos que van a marcar la identidad de Israel como nación y la identidad personal. Estos dos eventos fundamentales en la historia de Israel serán el éxodo y el exilio, dos crisis que van a reflejar en la vida de Israel quién es su Dios. Un Dios que contesta a esa pregunta mediante el encuentro con su pueblo en la liberación y en la deportación.

Éxodo: el alumbramiento de Israel

·       La tradición bíblica afirma que antes del éxodo Israel no es aún pueblo de Dios y que llega a serlo en este acontecimiento. Un acontecimiento que se inicia precisamente en la pregunta que Moisés le hace a Dios: “Si me preguntan ¿quién les digo que eres? (Ex. 3:13-14). Y a partir de ese instante solo se puede hablar de quién es Yahvé observando atentamente cómo se manifiesta, porque la acción es lo que va a definir el nombre. No obstante, este acontecimiento fundacional de Israel se halla estrechamente ligado a otro relato fundacional que se encuentra detallado en el Génesis a través de la historia patriarcal. A través de estos relatos la identidad de Israel es de tipo genealógico. Por eso el israelita se define como descendiente de Abraham, Isaac y Jacob. Con este segundo relato fundacional, la identidad de Israel no va a estar ligada a los lazos de sangre sino que Israel va a reconocerse a sí mismo como elegido por Dios porque va a equivaler como una adopción (Ex. 4:22). Así pues, el éxodo va a constituir la matriz en la que Yahvé engendra a su pueblo. A partir de ahí Israel comienza a confirmar la fe en Dios y esa fe comienza a tener forma porque se adhiere a la existencia de Israel y a su desarrollo como nación. Jehová pasa de ser el Dios de los padres para ser el Dios de ellos, el Dios de Israel, porque no forma parte solo de su pasado sino también de su presente y su futuro. Y con el inicio de la liberación, en ese presente y futuro se va desplegar toda la potencia de Dios.
·       A partir de este evento, la vida del pueblo se tiene que reestructurar porque se van a dar algunos acontecimientos que van a traer sobre Israel un cambio profundo y de consecuencias importante en su proceso histórico. Estos acontecimientos van a tener un denominador común que va a consistir en el ferviente deseo por parte de Dios de acercarse a su pueblo con el fin de que éste tenga acceso a saber quién es su Dios. Para ello, Dios va a proveer al pueblo de la ley, el culto y la tienda de reunión o más conocida como el tabernáculo, y a través de estos acontecimientos favorecer el conocimiento de Dios.

La ley del Sinaí

Uno de los acontecimientos que van a provocar el cambio profundo en la vida de Israel, tiene que ver con la entrega de la ley en el Sinaí. Si Dios se ha escogido un pueblo para tratarlo como hijo, es para hacerlo adulto y libre. Y para permitir que llegue a su madurez, le abre horizontes más amplios y lo conduce a una mayor autonomía mediante la entrega de la ley. Una ley que, si bien tenemos que concederle un valor normativo, sería fundamental también el concederle un valor pedagógico.

Valor normativo

Lo propio de una nación, pertenezca al tiempo que sea, es tener sus propias leyes. Desde el punto de vista político e ideológico, era importante demostrar que Israel tenía sus propias leyes y no dependía de ninguna otra ley que le pudiera aportar otra nación. Ya fuera antes, durante o después del exilio, Israel necesitaba tener su identidad jurídica y poderse mostrar como nación porque tiene sus propias leyes, de las cuales se siente muy orgullosa. Y este orgullo no solo le viene porque considera que su ley es sin parangón, sino porque además las leyes le fueron entregadas al pueblo poco después de la salida de Egipto. Es decir, que son tan antiguas como el mismo pueblo.
Lo característico de las leyes de una nación, es que éstas vengan dadas por el monarca y tengan vigencia en un territorio concreto. En cambio, en el caso de Israel, las leyes por las cuales debían regirse, no vinieron dadas por el monarca, sino por Dios en un tiempo en que todavía no existía la monarquía, ni fueron dadas para una tierra en concreto porque todavía no había llegado a la tierra prometida. Esto quiere decir que la ley de Israel puede sobrevivir a la pérdida de la tierra y a la desaparición de la monarquía. Que aunque vivan en el exilio sin tierra ni monarquía, la ley sigue teniendo vigencia.

 Valor pedagógico

Pero lo más llamativo de la ley, según mi entender, es el valor pedagógico que Dios quiso concederle a esta ley. Una ley que si bien se va a conceder al pueblo ante la falta de un asentamiento del conocimiento de quién es Dios, y a través de ella establecer una normalización de la vocación de Israel, debería haber sido atendida desde la enseñanza que Dios quería provocar a su pueblo: que Dios se daba a conocer.
Este acontecimiento debería haber provocado en el pueblo que el éxodo pasara a un segundo plano y que Israel reconociera a través de la ley que Jehová no es solo el Dios de las grandes gestas, sino que también sabe hacerse cercano al pueblo dándose a conocer expresando quién es Él a través de las normas por las cuales quiere que el pueblo se rija. El pueblo debía saber encajar quién era Dios a través de esas normas.
Si Dios manifiesta su interioridad a través de la ley, es para que ésta se convierta en principio regulador de la libertad adquirida y se mantenga en todo su esplendor. De esta manera, la ley se convierte en el primer paso que Israel tiene que dar para alcanzar el estado de madurez. Un estado que le debía llevar a una interiorización de quién es el Dios que les ha sacado de Egipto. Porque nunca fue el propósito de la ley mantener al pueblo encerrado en un estadio infantil sin poder avanzar en su crecimiento como hijo de Dios, un estadio en el que la pedagogía más correcta es la norma, sino todo lo contrario, porque si Dios se da a conocer es para que el pueblo comience a dar sus primeros pasos hacia el establecimiento de una nación que conoce a su Dios y que manifiesta su carácter a través del ejercicio de la justicia y la misericordia.
Israel debía entender que la ley nunca podía llevar al hombre a un sometimiento, porque Dios no se encuentra sometido a ninguna actividad legalista. La única legalidad por la que Dios se rige es su propia esencia. Y Dios, que en su esencia es el enteramente libre, decide desde su libertad darse a conocer a su pueblo mediante las leyes que le entrega. Este va a ser el primer paso en conocer quién es Dios, hasta llegar a un conocimiento más profundo en la persona de Jesús. En este sentido, podemos decir que la ley nos conduce a él.

El culto

Otro de los acontecimientos importantes que provoca un cambio profundo en la vida de Israel, tiene que ver con el establecimiento del culto.
Si bien el éxodo va a representar el paso de la servidumbre al servicio, también va a representar el paso de la esclavitud de Egipto al culto de Dios en el desierto. Conviene recordar que el culto va a representar una de las expresiones de libertad que el pueblo alcanza, porque no hay que olvidar que la salida de Egipto tiene su origen en la petición de Moisés y Aarón al faraón de tener un espacio de libertad en el desierto donde poder celebrar culto su Dios. Y es a través del establecimiento del culto que Dios se hace cercano a su pueblo dando a conocer su voluntad. Una voluntad que va a ser accesible para todo el pueblo, porque gracias al culto, Israel se va a convertir en un “reino de sacerdotes” donde todo el pueblo está al servicio de su Dios. De esto se deduce que Israel es un reino incluso si no hay rey y se define sacerdotal por su carácter. Por lo tanto, aún en el exilio Israel sigue siendo un reino al servicio de su Dios, tanto a nivel nacional como individual.

El tabernáculo

Y llegamos al tercer acontecimiento importante que provoca un cambio profundo en la vida de Israel. Un acontecimiento que se va a convertir en esencial para la vida del pueblo y que queda expresado en Ex. 40:34-35: “la nube cubrió la tienda del encuentro y la gloria del Señor llenó la morada..." Este acontecimiento tiene que ver con la mismísima presencia de Dios en medio de su pueblo.
En los mitos de la creación en el Oriente antiguo, el relato de la creación se cierra con la construcción de un templo para el dios creador. Este templo viene a ser el palacio que la divinidad viene a ocupar para reinar desde ahí el universo que acaba de crear. En la Biblia el relato de la creación se cierra con el “reposo” de Dios hasta llegar a la construcción de la tienda del encuentro desde donde el creador del universo decide reinar sobre su creación. Dios no espera a que Salomón le construya un santuario hermoso donde habitar en medio de su pueblo, sino que ya en el desierto se une al pueblo para compartir con él las condiciones precarias del viaje. Así pues, el Dios del éxodo, el fuerte, el guerrero, el que causa terror entre las naciones, el que tiene autoridad sobre todo lo creado porque es señor del universo, es el Dios que camina con su pueblo porque habita en medio de ellos para que conozcan como espectadores privilegiados quién es su Dios.

Exilio: el derrumbamiento de Israel

“Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano” (Zac. 7:10). Pero no quisieron escuchar……
Si el éxodo se convierte para el pueblo de Israel en símbolo de libertad, el exilio se va a convertir en un símbolo de esclavitud. Una esclavitud que va a significar el fin de una religión nacional basada sobre la elección del rey y del templo.
 
·       Si bien el propósito de Dios fue establecer acontecimientos que sirvieran para ir efectuando un cambio progresivo en el pueblo, éste no supo entender la enseñanza que contenían dichos acontecimientos. Porque el propósito de Dios no era otro que Israel fuera interiorizando el conocimiento que Dios le proporcionaba acerca de su persona en cuanto a su amor, su generosidad, su cuidado, su respeto, su guía, y sobre todo en cuanto a su pasión por el huérfano, la viuda, el extranjero, el pobre. Es decir, por todos aquellos que por su condición social estaban desahuciados y no eran atendidos por nadie.
·       Lejos de esta realidad, Israel no supo conformar la fe en Dios. No supo acomodar, ajustar, adaptar la fe a la vida, porque Israel perdió toda sensibilidad y compasión hacia el necesitado. Israel no supo administrar el conocimiento de quién era su Dios y por esto no encajó bien la fe en su vida. Una fe que es experimentada por Israel solo en base a los acontecimientos del éxodo y que, por lo tanto, el que tiene que actuar es Dios. Esta reflexión les lleva a tratar a su Dios como un dios más al que deben tener contento con los sacrificios que efectúan con toda vehemencia y solemnidad.
·       No obstante, el exilio va a ser considerado por el profetismo como la matriz de una nueva creación. Una creación que va a representar una nueva identidad para Israel y va a abrir el camino hacia el conocimiento de Dios.

Conclusión

Treinta siglos más tarde, la pregunta de quién es Dios, continúa siendo vigente en la actualidad. Y en los tiempos en que vivimos de tanta confusión religiosa, de tanta crisis espiritual, de tanta desorientación bíblica, de tanta irreflexión teológica, urge que nos replanteemos de nuevo esta pregunta. Pero al hacerlo, procuremos orientarla hacia la comunidad y no hacia aquellos que demandan razón de nuestra fe. Porque una falta de claridad en cuanto a nuestro conocimiento de quién es Dios nos lleva a la idolatría en cuanto a que podemos estar presentando un dios diferente al Dios que se ha revelado.

·       Pero cómo contestar esta pregunta cuando las referencias que tenemos acerca de lo que ha hecho nuestro Dios se remonta a siglos pasados y tienen que ver con experiencias que a nosotros no nos afecta para nada. Porque qué tenemos nosotros que ver con el éxodo, con la ley o con las experiencias que tuvieron los israelitas. Todo lo ocurrido tiene que ver con experiencias vitales para ellos, pero no para nosotros.
·       Sin embargo, detrás de cada experiencia hay una enseñanza acerca de quién es nuestro Dios. Una enseñanza que nos aclara quién es el Dios que confesamos y que decimos tener. Porque lo importante no es el hecho en sí sino la enseñanza que esconde ese hecho y que se nos quiere transmitir. Y en este sentido la enseñanza permanece en el tiempo. La cuestión es si seremos capaces de alcanzar la enseñanza, reflexionar sobre ella y aplicarla a nuestro contexto vital, o bien preferimos quedarnos con el acto de Dios sobre el pueblo de Israel.
·       Dicho esto, deberíamos realizar una lectura diferente de las narraciones bíblicas. Una lectura fresca y renovada que nos lleve a una interiorización más actualizada, con la complicidad del Espíritu, de quién es el Dios que tenemos, y dejemos de lado nuestras preferencias cognitivas acerca del Dios que queremos tener, porque esto podría ser que nos  llevaran a tener experiencias religiosas estimulantes, pero no a la firmeza de nuestra fe en el siglo que vivimos.